Los caballos fantasma del Castillo Castelluccia, Roma

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Castello della Casteluccia en Roma

A las afueras de Roma, cerca de la Riserva Naturale dell’Insugherata, en una zona conocida como La Giustiniana encontramos un hermoso castillo, el Castillo Castelluccia, un edificio realmente hermoso construido aquí durante los siglos X y XIII. Este castillo se levantó sobre las ruinas de una antigua villa romana, algo que ya de por sí debería otorgar un halo de misterio al recinto, perteneciendo en esos días a la familia noble Cancellieri, descendientes de la familia Orsini. A lo largo de los siglos, este lugar ha sido el hogar de las familias más poderosas del condado, siendo así un ejemplo de lujo y distinción y atesorando un gran número de muebles y elementos decorativos de gran valor.

En la actualidad es un lujoso hotel, en el que los turistas que puedan permitírselo podrán pernoctar en una de sus habitaciones, todas ellas diferentes entre sí. No obstante, antes de dormir aquí deberíamos saber que Castelluccia cuenta con sus propios fantasmas, inquilinos de ultratumba un tanto especiales que podrán acompañarnos en alguna que otra velada.

La leyenda de los fantasmas de Castelluccia se creó con uno de sus propietarios, Rimbambito, un noble acaudalado que además de dinero tenía una obsesión enorme por el juego. Las apuestas fueron poco a poco acabando con su excelente situación económica, así, en un momento de extrema necesidad, Rimbambito se vio en la obligación de vender una de sus pertenencias más preciadas, sus caballos.

Este noble adoraba a sus caballos, los cuales había mimado y cuidado desde joven. No obstante, no le quedaba otra opción, fueron vendidos y enviados a otro país. El problema es que estos caballos jamás pudieron aclimatarse y terminaron muriendo uno a uno. Al conocer la noticia, Rimbambito sintió una grandísima pena.

La depresión se anidó en la vida de este noble que suspiraba por las esquinas por sus animales perdidos. Tal era el nivel de desesperación que comenzó a asegurar que escuchaba los caballos galopar de noche, pero que al asomarse, no observaba absolutamente nada en los alrededores.

El servicio comenzó a tomarlo por loco. No obstante, con el tiempo, muchos de los sirvientes e incluso algunos lugareños de las inmediaciones corroboraron lo que Rimbambito decía. Al parecer, todas las noches, los caballos volvían desde el otro mundo escapando de su nuevo hogar y buscando refugio en su antigua casa.

Así pues, si nos alojamos en este hotel y escuchamos galopes a mitad de noche, no tengáis miedo. Tan sólo son estos animales que vuelven una y otra vez en busca de su amado dueño.

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Foto vía: lacastelluccia

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